El otro día me topé con una foto mía de cuando estaba en el bachillerato. Me detuve a mirarla por un buen rato y me puse a recordar cómo era en ese tiempo, las cosas que hacía y la forma en que pensaba.
Si soy honesta, siempre que miro esas fotos suelo decir: “¡Qué buenos tiempos!”. Pero esta vez fue diferente: me dio un golpe de realidad impresionante. Al verla, recordé una época dura, con tantas cosas erróneas, con escasez, con rebeldía..
Tomé muchas malas decisiones, me rodeé de malas amistades y mi comportamiento no era el mejor. Ver esa imagen me provocó tristeza, pero al mismo tiempo me hizo sentir un profundo agradecimiento con Dios, porque ha sido impresionantemente misericordioso conmigo.
Se que no soy la única que ha sentido algo así y precisamente por eso, hoy quiero compartir contigo lo que dice Romanos 11:24 (NTV):
“Tú, por naturaleza, eras una rama cortada de un olivo silvestre. Por lo tanto, si Dios estuvo dispuesto a ir en contra de la naturaleza al injertarte en un árbol cultivado, él estará mucho más dispuesto a injertar las ramas originales en el árbol al que pertenecen”.
Médicamente y en agricultura, injertar significa implantar tejido vivo y saludable en una zona enferma o con daños severos para fomentar su unión y su recuperación. Cuando el pasaje dice que Dios hizo algo que va en contra de la naturaleza, para mí cobró sentido.
Él tomó esa versión mía de la fotografía, una identidad dañada, una rama silvestre, rebelde, rota por los errores y sin un rumbo claro y, por puro amor, me injertó en Su árbol cultivado. Me unió a Él, me recuperó y me dio una identidad, un propósito y un amor del que yo misma me sentía indigna.
Si tú hoy miras tu pasado y te pasa lo mismo que a mí; si recuerdas tus peores días y te cuesta creer que realmente encajas en los planes de Dios debido a tus fallas, quiero que entiendas algo: tú no eres un intruso en Su historia.
Dios pagó un precio para rescatarte aun cuando estabas más lejos, precisamente porque Su gracia es experta en romper toda lógica humana.
Si hoy te sientes desconectado o si tus imperfecciones diarias te vuelven a hacer sentir que no mereces Su amor, haz una pausa y mira hacia atrás. Recuerda de dónde te sacó el Padre.
Él ya demostró cuánto te ama y debes saber que Su especialidad sigue siendo sanar los tejidos rotos de tu corazón para volverte a unir a Su fuente de vida.
Por otro lado, si tienes un familiar, un hijo, un amigo o un compañero que un día estuvo cerca de Dios, pero hoy se soltó y anda viviendo su propia etapa de "olivo silvestre", por favor, no dejes de orar por ellos.
Si Dios pudo hacer ese milagro conmigo y contigo, para Él no es nada difícil volver a sanar e injertar a las ramas originales en el árbol al que pertenecen.
Hoy te invito a mirar tu propia "fotografía del pasado", no con los ojos de la culpa, sino como un reconocimiento de la misericordia de Dios. Deja de verte como alguien que no encaja, abraza Su perdón y descansa en la seguridad de que le perteneces. Mantén la fe por los que hoy están lejos, porque Aquel que te abrazó y te restauró a ti, tiene los brazos abiertos para injertarlos a ellos también.
-Arcelia Rubí Pantoja






































































