MOLDEADOS, NO QUEBRADOS

Recuerdo la vez que visitamos las grutas que están en el estado de Guerrero, se llaman grutas de Cacahuamilpa. Es un lugar muy interesante, ver todas las figuras en la roca que, con el paso de los años, la filtración del agua ha logrado formar.

Investigando un poquito sobre esto, vi que el proceso se llama Karstificación, que básicamente es agua de lluvia que ha absorbido dióxido de carbono y se transforma en agua ligeramente ácida porque se ha formado ácido carbónico entonces, al filtrase por las grietas del suelo empieza a disolver la piedra, lo cual con el correr de los años (miles o millones) da lugar a las formaciones que se pueden apreciar.

Y hace un par de días, leyendo el instructivo, me encuentro con este versículo que inmediatamente me recordó el trabajo del agua sobre la piedra.

Salmo 104:10 NTV 

“Tú haces que los manantiales viertan agua en los barrancos, para que los arroyos broten con fuerza y desciendan desde las montañas.”

El agua no rompe ni da forma a la piedra a golpes, es la constancia del agua fluyendo lo que moldea. Y así mismo es con la palabra de nuestro Dios. Moldea.

Su palabra es ese manantial de agua que, día a día, al conectarte y tener esa charla diaria, esa lectura diaria, ese tiempo de comunión y comunicación con Su Espíritu Santo, va haciendo Su obra en tu vida; te va moldeando el carácter para que Cristo sea formado en ti,  ya que fluye constantemente como dice aquí “los manantiales vierten agua en los barrancos”.

Es la obra del Espíritu y la palabra la que transforma el corazón del hombre, hay una revelación de pertenencia e identidad, de vivir en congruencia a Su palabra; como dice este verso:

Ezequiel 11:19-20 RVC “Pondré en ellos un corazón y un espíritu nuevo. Les quitaré el corazón de piedra que ahora tienen, y les daré un corazón sensible, para que sigan mis ordenanzas y cumplan mis decretos. Entonces ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios”

La revelación es para llevarla a cabo, no para guardarla; es decir, entender lo que el Espíritu nos revela nos lleva a ponerlo en práctica en nuestra vida y también para afectar en nuestro entorno; y así lo dice el Salmo “para que los arroyos broten con fuerza y desciendan desde las montañas”.

Lo que Dios nos da, necesitamos darlo, compartirlo; establecer y extender reino.

Es verdad que hay verdades que van a romper hábitos o costumbres para crecer en carácter, pero nunca para lastimarte. Él te ama y es su deseo que seas pleno en todo. Que Cristo sea formado en ti.

-Eugenia Flores