EL ENEMIGO DOMÉSTICO

EL ENEMIGO DOMÉSTICO

Los hábitos o la rutina son comportamientos a los cuales ya estás muy adaptado y en la mayoría de las ocasiones te ayudan a organizar tu tiempo y facilitar la vida diaria. 

Sin embargo, hay hábitos o rutinas que no te están dejando un resultado favorable, aunque ya estés más que acostumbrado; por eso lo llamo el enemigo doméstico, porque quizá hasta los consideres “inofensivos” de tan familiarizado que estás a ellos.

Veamos el instructivo:

Nehemías 13: 1-9 NTV pero quiero resaltar los versículos 1, 4,5, 7, 8 y 9

1: Ese mismo día, mientras se leía al pueblo el libro de Moisés, se encontró el pasaje que dice que jamás se debe admitir a un amonita o a un moabita en la asamblea de Dios…

4-5: Antes de esto, el sacerdote Eliasib, quien había sido designado para supervisar los depósitos del templo de nuestro Dios y quien también era pariente de Tobías, había rediseñado un gran depósito y lo había puesto a disposición de Tobías. Anteriormente usaban el cuarto para almacenar ofrendas de grano, incienso, diversos utensilios para el templo, diezmos de granos, de vino nuevo, de aceite de oliva (destinados a los levitas, a los cantores y a los porteros), y también las ofrendas para los sacerdotes.

7-9: Cuando regresé a Jerusalén, me enteré del acto perverso de Eliasib de proporcionarle a Tobías una habitación en los atrios del templo de Dios. Me disgusté mucho y saqué del cuarto todas las pertenencias de Tobías. Luego exigí que purificaran las habitaciones y volví a colocar los utensilios para el templo de Dios, las ofrendas de grano y el incienso.

En el verso 1 hay una instrucción clara sobre “jamás admitir a moabita o amonita en la asamblea de Dios”.

Versos 4 y 5 nos dice que el encargado de los depósitos del Templo le dio hospedaje a un pariente suyo, pero era amonita.

Versos 7-9 Cuando Nehemías lo encontró, simplemente lo expulsó. En el Capitulo 10 nos señala a Nehemías como el gobernador, era el líder que administraba y organizaba.

Algo interesante es que el significado de Nehemías es “Consolar o Confortar”. Mantén esto presente.

Moabitas y amonitas representan lo que se origina en “la carne”, sin Dios.

En esta reflexión quiero invitarte a pensar e identificar hábitos que están saboteando tu crecimiento o que están dañando tus relaciones, tanto con quienes te rodean y con Dios ya que están originados y/o alimentados únicamente por las emociones, por cómo te hace sentir, por una recompensa inmediata; pero no aportan a un crecimiento espiritual y del carácter de Cristo en tu vida.

Son esos enemigos domésticos que no te tientan, te acostumbran;  les abriste la puerta por lo “familiar e inofensivo”, pero en realidad son un intruso y estorbo para ti.

Dice Romanos 7:18 RVC “Yo sé que en mí, esto es, en mi naturaleza humana, no habita el bien; porque el desear el bien está en mí, pero no el hacerlo.”

¿Cómo identificarlos? Únicamente con la intervención del Espíritu Santo, el consolador y ayuda por excelencia. 

Con mero esfuerzo humano no se puede por dos razones; la primera por no considerar esos hábitos o rutinas negativos y segundo por la costumbre; así que permite a Él que te los revele, y con su ayuda determinante a expulsarlos de tu vida, de tu carácter, de tus costumbres.

Algunos ejemplos de enemigos domésticos:

La procrastinación tanto en tu trabajo o quehaceres diarios como en tu comunicación con Dios (leer, orar, reunirte).

Redes sociales y plataformas de streaming: No está mal usarlas, es el exceso de las mismas lo que puede resultar un estorbo. Usarlas con moderación o con tiempos limitados sería lo ideal.

Lo disfrazas de “Así soy”: soy enojón, soy muy directo (pero en realidad lastimas).

Lo llamas costumbre familiar: “es que en mi familia, con mis papás así se acostumbraba”

Quizá lo llames “una vez no hace daño”:  como por ejemplo “solo mentí esta vez” … y esa única vez ya se hizo hábito.

Desaloja a ese o esos enemigos domésticos, ponles nombre y pídele al Espíritu Santo que él sea quien te de la determinación y la fortaleza para ser transformado. Con su guía, establece nuevos hábitos y que Cristo siga siendo formado en ti.

-Eugenia Flores