Hace poco recordé que la primera vez que intenté hacer un panque de yogurt, me salió fatal; la razón: me brinqué algunos pasos de la receta original, la quise hacer a mi modo y rápido. Me salió mal, muy mal.
Tenía todos los ingredientes, tenía la receta original que me dio un experto en la materia, pero mi impaciencia y mi necedad, disfrazada de “ahorro de tiempo” dieron como resultado un panqué que aparentaba estar bien, saber bien, pero era solo apariencia.
Dice la segunda parte de Proverbios 14:29 RVC “…espíritu impaciente, demasiada necedad”
Ser impacientes nos lleva a actuar con precipitación, obteniendo, por lo general, malos resultados, muy diferentes a lo esperado.
La impaciencia demuestra necedad, orgullo, insensatez, intolerancia a la frustración, actuar impulsivamente y la necesidad de control y gratificación inmediata.
La paciencia es muestra de madurez, dominio propio, confianza, perseverancia y resiliencia.
Esto me recuerda el momento que nos relata la Biblia sobre el rey Saúl (1 Samuel 13) Saúl recibió instrucciones precisas: esperar a Samuel para ofrecer los sacrificios.
Él no lo podía hacer porque la ley así lo estipulaba. Sin embargo, al ver que Samuel “tardaba” y que esto lo ponía en una situación difícil ante el pueblo, decidió adelantarse, brincarse la instrucción y hacerlo él mismo. Se precipitó.
Esta impaciencia de Saúl, le trajo consecuencias severísimas: Dios lo rechazó como rey y su reinado no duraría. Saúl se auto justificó, mostrando con ello necedad y orgullo, anteponiendo sus decisiones a las instrucciones dadas por Dios a través de Samuel. Desde luego que su impaciencia le costó mucho; no mostró sabiduría.
Y qué tal la historia de Abram y Sarai (Génesis 15 y 16, aún no eran cambiados sus nombres) Dios dio una promesa, pero Sarai al ver su condición física y la de su esposo, además de que para su “entendimiento” ya se estaba tardando mucho la promesa, buscó una solución humana entregando a su sierva Agar a su esposo Abram y, todo se complicó: empezó a haber tensiones y conflictos entre ellos; mostró que la impaciencia puede generar problemas; no actuó con sabiduría.
Cuando estamos atravesando situaciones difíciles o Dios nos ha dado una promesa con respecto a cierto tema: sean los hijos, el trabajo, nuestro matrimonio, relaciones familiares, etc. Es muy común que busquemos acelerar el proceso y no esperar el tiempo de Dios.
Es en esta espera cuando el Espíritu trabaja en nuestro carácter, es en esta espera cuando necesitamos rendir nuestras emociones, crecer en dominio propio y buscar continuamente el consejo y la guía del Señor; es en esta espera cuando tenemos que actuar y hacer los cambios pertinentes en nuestra dinámica familiar o de matrimonio, ser perseverantes y no querer saltarnos la instrucción, es en esta espera cuando Dios nos lleva a madurar en la fe ya que querer hacer las cosas a nuestra manera, tomando decisiones meramente emocionales con cero guía del Señor y lo que logremos sea solo generar mayores conflictos y únicamente vivir de apariencia sin un cambio de fondo.
Cada día es una nueva oportunidad de crecer en paciencia y seguir instrucciones. Tenemos todo a nuestro alcance porque ya todo nos lo ha dado nuestro Padre.
Nos ha dado el instructivo original, nos da su guía y presencia constante, nos da recursos y herramientas; seamos obedientes a la instrucción, caminemos confiando y con la certeza de que el tiempo de Dios es el perfecto; despojémonos de la impaciencia y mostremos sabiduría.
-Eugenia Flores



















