Hace algún tiempo, tuve un sueño en el que escuchaba una parte de un versículo: “Ama a tu prójimo…”. Dentro del sueño, pensaba que lo estaba recordando mal, porque estaba segura de que solo decía eso. Pero sentía que Dios me insistía: “como a ti mismo”.
Al despertar, lo primero que hice fue buscar el versículo, y efectivamente, en Mateo 22:39 dice:
“Hay un segundo mandamiento que es igualmente importante: Ama a tu prójimo como a ti mismo.”
Esto me llevó a reflexionar profundamente. El mandamiento más grande es amar a Dios con todo nuestro corazón, y el segundo, igual de importante, es amar al prójimo.
Entonces entendí algo: Dios desea que el amor en nuestras vidas sea completo, en todas direcciones.
Ahí me detuve a preguntarme:
¿Qué significa amarme a mí misma?
¿Me amo de tal manera que puedo amar a los demás?
Amarnos a nosotros mismos implica tener una identidad clara, aceptación, valor propio y evitar comparaciones. Somos seres únicos e irrepetibles, creados por el Rey de Reyes.
Y en su palabra nos lo confirma:
“Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó.” Génesis 1:27
“Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre. Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo; tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien.” Salmo 139:13-14
Somos creación de Dios, hechos a su imagen, con propósito. Piensa en lo hermoso que es saber que te pareces a tu Creador. Tienes un diseño único y especial, y eso es suficiente para aceptarte tal como eres y reconocer tu identidad.
También dice:
“Porque eres precioso a mis ojos, digno de honra, y yo te amo.” Isaías 43:4
“Fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.” 1 Corintios 6:20
Para Dios somos valiosos. Nos ama tanto que estuvo dispuesto a darlo todo por nosotros, dio su vida misma. Ese sacrificio habla del valor inmenso que tenemos.
No somos cualquier cosa: somos de valor incomparable.
Cuando usamos nuestras cualidades, desarrollamos nuestras habilidades y aprovechamos los recursos que Dios nos dio, es cuando realmente brillamos y hacemos la diferencia.
Lo que eres capaz de hacer… eso es lo que Dios quiere que hagas.
Eres como una pieza única en una subasta: no hay otra igual, y precisamente por eso tiene un gran valor. Así eres tú: único, irrepetible, creado por Dios, y eso es suficiente.
“La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.” 1 Samuel 16:7
Enfócate en embellecer tu corazón. No te compares. Eres único. Mírate como Dios te ve y ámate tal como eres, porque sin duda eres una creación maravillosa.
Nadie puede ser yo, y yo no puedo ser nadie más.
Volviendo al versículo inicial: para poder amar al prójimo, primero debemos aprender a amarnos a nosotros mismos.
Recordemos quiénes somos: creación de Dios, únicos e irrepetibles. Valoremos lo que tenemos y lo que somos, sin lamentarnos por lo que no somos o creemos que nos falta.
Aprendamos a amarnos, para así poder cumplir el mandato de amar a nuestro prójimo.
- Lety Pérez








