En este año, mi esposo y yo cumplimos 35 años de compartir juntos como matrimonio. Ha sido toda una gran aventura, crecimiento y experiencias con Dios como centro, y esa es la clave: Dios al centro.
Recuerdo particularmente la organización de la boda; la interminable lista de invitados, el lugar y la ropa… mi vestido, su traje y el de las damas. No me dejarán mentir… toda una odisea. Cada detalle importante, cada detalle significativo, y sin lugar a dudas un evento como ese, una boda, es particularmente especial no solo para los novios, sino para la familia y los invitados escogidos entre muchos.
Y bueno, admito que me gustan las fiestas, y en particular las bodas. Disfruto el proceso de escoger mi ropa y zapatos de acuerdo al código de vestir; el peinado, el regalo, en fin, cada detalle. Lo disfruto realmente.
Esto me recuerda un pasaje:
Mateo 22:8-14 RVC
Entonces dijo a sus siervos: “La fiesta de bodas ya está preparada, pero los que fueron invitados no eran dignos de asistir. Por tanto, vayan a las encrucijadas de los caminos e inviten a la fiesta de bodas a todos los que encuentren.”
Los siervos salieron por los caminos y juntaron a todos los que encontraron, lo mismo malos que buenos, y la fiesta de bodas se llenó de invitados.
»Cuando el rey entró para ver a los invitados y se encontró con uno que no estaba vestido para la boda, le dijo: “Amigo, ¿cómo fue que entraste aquí sin estar vestido para la boda?” Y aquél enmudeció.
Entonces el rey dijo a los que servían: “Aten a éste de pies y manos, y échenlo de aquí, a las tinieblas de afuera. ¡Allí habrá llanto y rechinar de dientes!”
Porque son muchos los llamados, pero pocos los escogidos.»
Esta es la parábola de la fiesta de bodas, y me llama mucho la atención un detalle en particular: dice que los siervos salieron por los caminos y encrucijadas y juntaron a todos los que encontraron, pero en el versículo 11 dice que “se encontró con uno que no estaba vestido para la boda”.
De entre todos los que juntaron, hubo uno —solo uno— que no estaba vestido apropiadamente. ¿Y los demás? ¿De dónde sacaron sus ropas?
Resulta que se dice que es costumbre en el oriente, incluso en el presente, que el anfitrión agasaje a sus invitados con trajes de honor, ofrecidos gratuitamente. Estar en la boda sin el traje ofrecido implica que el hombre pensaba que su vestido regular era lo suficientemente bueno.
Y entre los asiáticos, vestidos llamados caftanes, de los que cada noble tiene un gran número en sus armarios, eran proporcionados a sus invitados. Negarse a usarlo es considerado una gran ofensa. (Comentario “The People’s New Testament”)
Es decir, que a los invitados se les proporcionó la ropa… y el que no estaba adecuado es porque no la aceptó. Quizá pensó que no la necesitaba o que, así como estaba, era suficiente.
Cada uno de nosotros, como creyentes, hemos recibido ese ropaje adecuado en el Reino. Tenemos el código de vestir perfecto.
Dice Sofonías 1:7-9 RVC
Guardemos silencio en presencia de nuestro Señor y Dios. Ya está cerca el día del Señor. Ya el Señor ha preparado el sacrificio, y ha purificado a sus convidados. «En el día del sacrificio, yo, el Señor, castigaré a los magnates y a los hijos del rey, y a todos los que visten como extranjeros…»
Gálatas 3:26-27 RVC
Pues todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
Porque todos ustedes, los que han sido bautizados en Cristo, están revestidos de Cristo.
Ese ropaje es Cristo mismo. Hemos sido convidados y purificados, no somos extranjeros, estamos adecuados por Él mismo para movernos libremente en el Reino y poder ser efectivos cuando ese ropaje, ese código de vestir, se nota en la
transformación de nuestros hábitos, al permitir que su Presencia y su Carácter sean vistos en nuestra vida y así hacer la voluntad del Padre.
Que en cada uno de nosotros haya crecimiento interno y constante de Su carácter, para poder establecer y extender el Reino, buscando su justicia y principios en cada área de nuestra vida: matrimonio, familia, negocios, trabajo, etc.
Quiero invitarte a analizar si aún hay algún aspecto en ti en el cual el “código de vestir” aún no es el adecuado, es decir, en el que el carácter de Cristo y los principios del Reino aún no han sido establecidos del todo y todavía “vistes como extranjero”. Tal vez sea rencor, culpa, temores, ansiedad, falta de identidad… mírate con cuidado y con honestidad.
Siempre es tiempo para seguir creciendo. El Espíritu es poderoso para seguir transformándote de acuerdo a la naturaleza e identidad que ya te ha sido dada: Cristo en ti.
- Eugenia Flores
