EL MOTIVO DE MI ESPERANZA

Hace unos días leí este pasaje de la fe de Abraham y me gusta cómo lo explica Pablo, porque dice que Abraham descubrió cómo llegar a ser justo ante Dios no solo por la obediencia, sino por la relación correcta con Él.
Podemos ser obedientes y agradar a Dios, pero si no tenemos una relación correcta con Él, habrá muchas cosas que no descubriremos.

La relación que Abraham tenía con Dios lo hizo crecer en esperanza y fe, y caminar hacia la promesa, porque su corazón estaba posicionado en lo que Dios es y no en las circunstancias. Esa era la forma correcta de su relación.

Lee conmigo lo que dice este versículo:

“Aun cuando no había motivos para tener esperanza, Abraham siguió teniendo esperanza porque había creído en que llegaría a ser el padre de muchas naciones. Pues Dios le había dicho: «Esa es la cantidad de descendientes que tendrás”. Romanos 4:18 NTV

Los motivos o las circunstancias de Abraham eran totalmente opuestos a lo que Dios le había dicho: “llegarás a ser padre de muchos”; sin embargo, era un hombre de avanzada edad y no había tenido hijos. Por otro lado, Sara, su esposa, quien también era ya una persona mayor, tenía sus ojos puestos en la edad, en su condición, no en el futuro sino en su pasado. Me imagino a Sara diciendo: “¡Yo ya no fui madre! ¡Ya se pasó mi tiempo!”… y no era capaz de ver hacia el futuro y menos de creer lo que Dios estaba diciendo.

Los siguientes versículos me encantan porque tienen palabras clave que hoy quiero que pongamos en práctica:

“Y la fe de Abraham no se debilitó a pesar de que él reconocía que, por tener unos cien años de edad, su cuerpo ya estaba muy anciano para tener hijos, igual que el vientre de Sara. Abraham siempre creyó la promesa de Dios sin vacilar. De hecho, su fe se fortaleció aún más y así le dio gloria a Dios. Abraham estaba plenamente convencido de que Dios es poderoso para cumplir todo lo que promete.” Romanos 4:19-21 NTV

No se debilitó: Nuestros motivos y circunstancias pueden debilitar nuestra fe; debemos tener una visión clara y profunda que nos permita ver la promesa y fijar la mirada en los motivos de Dios y no en los nuestros.
Creyó sin vacilar: La palabra vacilar significa indeterminado, inestable, poco firme. El tipo de fe que Dios quiere que tengamos en Él no es esa que hoy dice sí y mañana no. Nuestro Padre quiere que cuando veamos la promesa, seamos determinados en caminar hacia ella.
Su fe se fortaleció: No dejemos que las circunstancias nos detengan; al contrario, que cada vez que quieras mirar a tu alrededor sea solo para ver la situación de la cual vas a salir. Que sea tu referencia para testimonio y para dar gloria a Dios por lo que Él es y hace en nuestra vida.
Plenamente convencido: Esto es tener la certeza de que lo que Él dice, lo cumple. Nuestra vida debe conducirse por la convicción total y absoluta, libre de dudas. Nuestra fe debe ser plena.

Cuando tú empiezas a aplicar estas cuatro cosas en tu vida, te darás cuenta cómo las cosas cambian, no porque dejes de tener pruebas o procesos complicados, sino porque descubrirás el secreto de Abraham: en momentos complicados o sin explicaciones claras, la relación correcta con Dios cambia tu visión.
Tendrás una mayor esperanza para seguir caminando hacia la promesa de Dios, con fe.

“...la promesa que Dios hizo de dar la tierra a Abraham y a sus descendientes no se basaba en la obediencia de Abraham a la ley sino en una relación correcta con Dios, la cual viene por la fe”. Romanos 4:13 NTV

Que no nos falte la fe, que todos los días, en las cosas que hagamos, nuestra fe se fortalezca y se haga más firme, hasta llegar a estar plenamente convencidos de que tenemos un Dios poderoso, justo y fiel; y aun cuando pensemos que no hay motivos para tener esperanza, nuestra relación correcta con el Padre nos haga ver más allá.

“Aun cuando no había motivos para tener esperanza, (pon tu nombre) siguió teniendo esperanza…”

- Arcelia Pantoja