EN EL FUEGO, FUEGO

Hay ocasiones en que la vida se pone difícil, que parece un horno encendido. Esas temporadas donde los problemas nos rodean como llamas que queman por todos lados y que, por más que uno se mueve intentando salir, más se avivan las llamas.

Eso me recuerda a la historia de Daniel y sus amigos, cuando el rey Nabucodonosor decretó que todos debían inclinarse y adorar una estatua de oro, y firmó un edicto que decía que quienes no lo hicieran serían arrojados a un horno de fuego. Seguramente esos tres jóvenes tuvieron miedo, porque sabían lo que les esperaba por ser firmes en sus convicciones y, en medio de la situación, pudieron descubrir el secreto para salir ilesos de las llamas; ellos descubrieron que en medio del horno puede arder un fuego más grande: el que ardía en sus corazones.

El resto de la historia lo conoces: fueron lanzados al horno, que además lo habían mandado a calentar siete veces más de lo normal. Esto definitivamente era la muerte para los jóvenes. Sin embargo, ellos entraron al horno con fe, con esa fe que arde en el corazón y que te hace actuar no conforme a lo que sientes, sino conforme a la voluntad del Padre. Ellos tenían un fuego ardiente en su corazón por amor a Dios, y Dios correspondió a ese amor.

 

Cuando el rey Nabucodonosor miró dentro del horno, vio que, en lugar de tres, cuatro hombres caminaban libres en el fuego. ¿Cómo era esto posible? Solo habían lanzado a tres, y estaban atados de pies y manos. Así que abrieron el horno y, cuál fue su sorpresa: los hombres salieron caminando, no tenían ni un pelo chamuscado ni olor a humo. Y el rey, asombrado, alabó al Dios que los había rescatado.

La historia de estos tres hombres nos enseña que los "hornos" en la vida, esas temporadas de presión, dolor o adversidad, no tienen la última palabra sobre nosotros. Al contrario, en los momentos en que el calor de las circunstancias parece que es siete veces más fuerte, es cuando más podemos sentir la compañía de Dios.

¡Dios no espera fuera del horno para ayudarnos! Él camina dentro del fuego con nosotros; nuestra fe no se apaga en las pruebas, sino que se aviva. Porque lo que el enemigo quiere usar para dañarnos, Dios lo usa para acercarnos más a Él y hacer que nuestro corazón arda al estar con Él y se encienda en nosotros una fe inquebrantable.

Si tú le crees a Dios, ten la seguridad de que, no importando las circunstancias, así sean las más desafiantes de la vida, nunca caminarás solo. Y que al salir del horno, tu esencia permanecerá intacta; saldrás caminando, sin un solo pelo chamuscado, habiendo experimentado una presencia que transforma la prueba en un testimonio de fortaleza y fe.

El secreto para salir ilesos: avivar el fuego de Su presencia en tu vida. Cuando puedes experimentar ese fuego dentro de ti, ten por seguro que cualquier llama, hoguera u horno que encuentres en la vida no podrá quemarte

Quizás en este momento te sientes identificado, pasando por tu propio "horno de fuego". Haz tuya la promesa de Isaías 43:2: "Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán" (NTV). Confía en que, sin importar la intensidad de la prueba, Su fidelidad es tu escudo. Él está contigo dentro del horno, transformando la prueba en un testimonio de que, con Él, siempre saldremos ilesos y le seguiremos alabando más y más.

- Arcelia Pantoja