CRECER, INFLUENCIAR Y TRANSFORMAR

CRECER, INFLUENCIAR Y TRANSFORMAR

Desde el corazón al horizonte: proceso y propósito.

Todos sabemos que Dios nos ama tal y como somos, y precisamente por eso, porque nos ama tanto, que no se detiene y nos deja tal cual nos encontró; se ocupa de nuestro desarrollo y de que en ese recorrido o crecimiento seamos una influencia que deje huella positiva y transforme el entorno.

Justamente el pasaje que se encuentra en Ezequiel 1: 1-9 nos habla de esto. 

En mi visión, el hombre me llevó nuevamente a la entrada del templo. Allí vi una corriente de agua que fluía hacia el oriente por debajo de la puerta del templo y pasaba por la derecha de la parte sur del altar. 2 El hombre me llevó hacia afuera del muro por la puerta norte y me condujo hasta la entrada oriental. Allí pude ver que el agua fluía por el lado sur de la entrada oriental.

Me llevó a lo largo de la corriente de agua y, mientras avanzábamos, él iba midiendo; cuando llegamos a quinientos treinta metros, me llevó a través de la corriente. El agua me llegaba a los tobillos. 4 Midió otros quinientos treinta metros y una vez más me llevó a través de la corriente. Esta vez el agua me llegaba hasta las rodillas. Después de otros quinientos treinta metros, el agua me alcanzaba a la cintura. 

Luego midió otros quinientos treinta metros y el río ya era demasiado profundo para cruzarlo caminando. Había buena profundidad para nadar, pero demasiada para atravesarlo a pie.

Me preguntó: «Hijo de hombre, ¿has estado observando?». Después me llevó de regreso por la orilla del río. 7 Al volver, me sorprendió ver muchos

árboles que crecían a ambos lados del río. Entonces me dijo: «Este río fluye hacia el oriente, atraviesa el desierto y desemboca en el valle del mar Muerto. Esta corriente hará que las aguas saladas del mar Muerto se vuelvan puras y dulces. Vivirán cantidad de criaturas vivientes por donde llegue el agua de este río. Abundarán los peces en el mar Muerto, pues sus aguas se volverán dulces. Florecerá la vida a donde llegue esta agua.”Ezequiel 1: 1-9 

Este proceso de crecimiento siempre tiene relevancia, y en este tiempo de la historia que nos ha tocado vivir por su perfecta voluntad y para un propósito, esa relevancia es remarcada.

Muchas cosas son importantes en este pasaje:

La primera está en el versículo 1 y hace mención al agua que fluye por debajo de la puerta del templo.

De acuerdo al instructivo, cada uno de los creyentes somos esa casa o templo donde Dios habita (1 Corintios 6:19), el agua es la Vida que ya nos ha sido dada y que esa abundancia debe salir de nuestras cuatro paredes para afectar el entorno, nuestro entorno.

En el versículo 2 dice “el hombre me llevó hacia afuera”. La intención de Dios siempre ha sido que salgamos, que mostremos su carácter, lo que ya ha hecho en cada uno. Así que fluir y mostrar la vida, Su vida, nunca será en soledad, Él es quien nos lleva, quien nos guiará en todo momento.

En los siguientes versículos 3-5 habla de crecimiento; de que el cauce crece. A medida que vamos caminando, que vamos creciendo en carácter y madurez (y no precisamente de edad), el impacto que tiene nuestra vida en el entorno va aumentando y únicamente por su gracia y presencia en nosotros, por rendirnos y dejarnos llevar por Él.

En los versículos 6-9 habla de que por donde pasa ese río hay sanidad y vida. Esto es de gran impacto, es confrontativo y es retador. Así es como necesitamos ejercer influencia: en el lugar que nos encontremos siempre vamos a tener la oportunidad de compartir la Vida y la Verdad que nos habita, ese es el  propósito eterno, establecer reino y dominio, que sus principios los establezcamos en casa, en el trabajo, en la universidad, en todas las áreas del quehacer humano.

Que nuestro corazón transformado se expanda para influenciar y transformar el entorno en que vivimos, o hasta el horizonte que nuestros ojos alcancen a ver.

- Marú Flores