Hemos escuchado el dicho, “Por la vista nace el amor” esto me lleva a reflexionar ¿que tanto he sido un ejemplo para mis hijos en su camino hacia Dios? y al mismo tiempo, ¿qué tanto tiempo de calidad les doy?
Actualmente, el estilo de vida y parámetros que nos marcan los medios digitales y tendencias sociales hacen que nos enfoquemos a cumplirlos; asi que, en la búsqueda de encajar en esa estructura terrenal nos dejamos guiar por la ideología predominante de dar libertad de elección a nuestros hijos, de no darles la vida que tuvimos, de no tenerlos “controlados” y “reprimidos”, de no poner límites en su conducta y muchas cosas mas que nos hacen “encajar” en la ideología actual y ser aceptados por la gente que nos rodea y por la sociedad en las redes sociales.
Lo que crees o piensas de ti influye poderosamente sobre tu comportamiento y tu identidad, es decir si te escuchas diciendo “No puedo”, “No soy capaz” entonces tú cerebro recibe la información de “Soy tonto” o “Soy un inútil”, o peor aún que haya otra u otras personas que sean las que te dicen palabras como “Eres bien llorón” o “Eres muy miedoso” y tú le creas a esa o esas personas; entonces estamos dejando que en nuestra cabecita se vaya guardando esa información, “Soy débil” “No soy valiente”. Pero es aquí donde tu debes recordar quien es tu Creador y qué es lo que Él piensa de ti.
Efesios 2:10 “Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.”
“Las montañas podrán cambiar de lugar, los cerros podrán venirse abajo, pero mi amor por ti no cambiará. Siempre estaré a tu lado y juntos viviremos en paz. Te juro que tendré compasión de ti.”
Isaías 54:10 TLA
Este versículo nos recuerda el inmenso amor de Dios hacia nosotros, un amor que trasciende cualquier cambio o adversidad.
El versículo resalta que el amor de Dios es inmutable, eterno y constante. A diferencia de las montañas que pueden moverse o los cerros que pueden venirse abajo, el amor de Dios permanece firme y sólido en todo momento. Es una promesa que nos ofrece seguridad y certeza en un mundo en constante cambio.
Cuando se decide a recorrer el camino que Dios ha predispuesto para nosotros se encuentran grandes retos, a veces pareciera que las circunstancias nos obligan a recorrer un camino por en medio de lo que Dios quiere y lo que deseamos.
Lo cierto es que en el momento en que aceptamos este compromiso no vivimos ya como el resto, ahora somos hijos de Dios y como tal en nuestro actuar debe verse reflejado el hecho de que el Espíritu Santo habita en nosotros.
Qué bonito es conocer a nuevos amigos, ya sea en la escuela, en algún curso o incluso cuando un nuevo vecino llega a vivir cerca de tú casa; pero todavía más bonito si descubres que tienen algunas cosas en común, como que les guste el mismo personaje de ficción, algún programa favorito, o que su comida favorita también sea la pizza.
Pero… ¿Qué pasa si entre más lo vas conociendo te vas dando cuenta que hace o dice cosas que no van de acuerdo a lo que has aprendido? O ¡Peor aún! Que son contrarias, a lo que aprendes por parte de Dios, como por ejemplo; que diga mentiras, que se burle o hable mal de otros, que desobedezca o te pida desobedecer a ti, etc.
¿Cómo reaccionas ante esto?, ¿Le explicas que eso que hace o dice está mal?, ¿Le ayudas a que entienda el por qué no debe hacer esas cosas?, ¿Actúas siendo tú una buena influencia para él o para ella?
Leamos Colosenses 1:10 “Entonces la forma en que vivan siempre honrará (mostrar respeto) y agradará al Señor, y sus vidas producirán toda clase de buenos frutos. Mientras tanto irán creciendo a medida que aprendan a conocer a Dios más y más”.
Aquí leemos que para mostrar respeto a Dios y agradarle se necesita que demos buenos frutos, es decir que seamos bondadosos, tengamos amor por otros, busquemos la paz, que seamos gentiles, entre otros más frutos, y esto lo hagamos mientras vamos conociendo más y más a Cristo.
Pero qué ocurre si es al revés, es decir, si en lugar de ser una buena influencia para ese amigo te dejas llevar por esas cosas o palabras que sabes que están mal hacer o decir y olvidas lo que has aprendido y decides que no quieres escuchar a Dios. ¿Has examinado tú corazón? ¿Puedes notar cuando haces cosas que van en contra de dar buenos frutos? Y te sorprendes escuchándote decir mentiras, malas palabras o burlarse de otros.
Si es así, estás teniendo una mala amistad, una amistad que no te conviene, que hace que cambies las enseñanzas buenas que tenías y que habías aprendido; y esto también te puede suceder cuando lo aprendes a través de los medios digitales, donde ves o lees que otras personas hacen cosas que hacen parecer «normales» y tú te estés dejando llevar por eso.
En 1 Corintios 15:13 dice “No se dejen engañar por los que dicen semejantes cosas, porque las malas compañías corrompen el buen carácter»
Aquí Dios nos está diciendo que no debemos dejarnos engañar por esas personas que no hacen lo correcto, que tengamos cuidado con las malas amistades porque echan a perder nuestra buena forma de ser.
Hoy yo te aconsejo que siempre examines tú corazón, tus pensamientos y las influencias que recibes de tus amigos o de aquello que ves, lees o escuchas y lo pongas en una balanza para poder ver si se inclina más hacia lo que dice la Biblia y a ser buena influencia para otros y que no suceda al revés.
Marcela Bermúdez
“Las semillas sobre la tierra rocosa representan a los que oyen el mensaje y lo reciben con alegría; pero como no tienen raíces profundas, creen por un tiempo y luego se apartan cuando enfrentan la tentación" (Lucas 8:13 NTV).
En Lucas, encontramos un poderoso versículo que nos habla sobre la importancia de tener raíces profundas en nuestra fe, nos presenta la analogía de las semillas sembradas sobre tierra rocosa y cómo representan a aquellos que reciben el mensaje con alegría pero carecen de raíces sólidas.



Una conversación sobre cómo vivir estos valores en pareja y en lo personal.





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