Hace tiempo, al estar haciendo un curso de manejo en el extranjero, tuve que pasar por revisión oftálmica; yo uso lentes y para ese tiempo me estaban funcionando a la perfección, pero cuando me hicieron el examen realmente tenía un déficit en la visión aún con los lentes puestos.
Obviamente tuve que cambiar de graduación, hacer todo lo requerido y está perfecto, pero me hizo meditar en la necesidad que tenemos de ajustar nuestra visión a la visión de Dios.
Estamos tan acostumbrados a caminar de acuerdo a las experiencias, o bien a dejarnos llevar por lo ya conocido y cómodo, es decir, con nuestra visión ya “ajustada” a mi modo y forma, tal como me pasó a mí con los lentes, esa graduación me era cómoda, pero me era insuficiente.
Me recuerda a Saulo, después llamado Pablo que, antes de ser encontrado por Cristo, tenía su propia manera de ver a Dios, a los creyentes, incluso de verse a sí mismo. El veía a Dios de una manera religiosa, a los creyentes los veía como enemigos y a sí mismo se veía como el “justiciero”. Hasta que Cristo lo encontró y esto lo tenemos narrado en el libro de Hechos capítulo 9. Después de quedar ciego por tres días y ser llevado literalmente de la mano (Lo cual me enseña que hay un proceso de cambio necesario), fue restaurado en su visión, pero no solamente física, sino que Dios le cambió la visión espiritual, el enfoque de lo terrenal a lo eterno. Pudo mirar más allá, ajustar su forma de ver y vio a Dios como el Señor de su vida, a los creyentes como personas a quienes amar y a sí mismo como colaborador de Cristo, encontró y caminó en la visión que Dios tenía para él, es decir, en su propósito.
Génesis 13:14-15 NTV Después de que Lot se fue, el SEÑOR le dijo a Abram: «Mira lo más lejos que puedas en todas las direcciones: al norte y al sur, al oriente y al occidente. Yo te doy toda esta tierra, tan lejos como alcances a ver, a ti y a tu descendencia como posesión permanente.
Dios desde siempre ha querido que extendamos la mirada, que no nos quedemos en cortos solamente en lo conocido y cómodo, desea que veamos lo que él ya vio y determinó para cada uno de nosotros como sus hijos.
Salmo 119:18 NTV Abre mis ojos, para que vea las verdades maravillosas que hay en tus enseñanzas.
En este salmo, se nos anima a pedirle a Dios que sea él quien nos abra los ojos, que nos lleve a mirar como él ve, que nos ajuste y extienda la visión para poder ver más allá de nuestras circunstancias y alinearnos a su palabra.
Cambiar mi propia visión por la visión de Dios, implica ajustar mi perspectiva, metas y mentalidad y rendirme a Su voluntad y propósito para mí.
Proverbios 29:18 NVI Donde no hay visión, el pueblo se extravía; ¡dichosos los que son obedientes a la ley!
Que importante es caminar en la visión de Dios, para no extraviarse, si no sé para donde voy, simplemente estoy existiendo sin propósito, estoy “sobreviviendo” y eso no es lo que Dios desea, su anhelo es que, como sus hijos nuestra vida sea plena, próspera, productiva, feliz y cumpliendo el propósito para el cual él nos llamó.
Filipenses 3:12 NBLA No es que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús.
Que nuestro anhelo sea cumplir el propósito que Dios nos ha asignado y no perdernos el poder dar en el blanco, ser colaboradores de Dios en el establecimiento de su reino, en nuestra vida y en el área en la que nos desarrollamos.
Miremos más allá y en todas direcciones, que Dios nos instruya para ajustarnos a su visión, con amor y pasión.
- Eugenia Flores.








