ENTREGAR = OBEDIENCIA

Vivimos en una cultura que nos bombardea con frases como: “Pelea por lo que es tuyo” o “Si te gusta, te pertenece” . Esto genera una tensión constante en nuestro interior: el miedo a perder. Nos aferramos a personas, cosas, ideologías o situaciones con una fuerza increíble porque nos aterra la idea de quedar vacíos si los dejamos ir. Sin embargo, el Reino de Dios opera bajo una lógica distinta. En 2 Reyes 8 , la historia de la mujer sunamita nos enseña que entregar a Dios no es una pérdida, sino una forma de obediencia que nos protege.

Esta mujer, la misma a quien Eliseo le devolvió la vida de su hijo, recibió un día una instrucción difícil del profeta: “Vete con tu familia, porque viene una hambruna de siete años”. Imagina el conflicto en su mente. Ella tenía una casa, tierras fértiles y una reputación ganada. Salir de ahí significaba abandonar su zona de seguridad para irse a un lugar extraño, donde nadie la conocía y donde, aparentemente, no tenía nada. Sin embargo, ella obedeció.

A veces, Dios te pide exactamente lo mismo. Tal vez te ha pedido que le entregues esa relación que, aunque te encanta, sabes que te está alejando de Su propósito. Quizás te pidió dejar ese proyecto que te consume el tiempo y la paz. O tal vez una actividad o un grupo de amigos que se ha convertido en un terreno donde tu fe se está secando.

Cuando Dios te pide entregar algo, no lo hace para castigarte. A menudo es para "salvarnos la vida" o librarnos de las consecuencias de una "hambruna" que nosotros aún no vemos venir. Entregar en obediencia es el mayor acto de madurez que podemos tener.

Aquí es donde necesitamos sabiduría porque hay cosas que Dios nos pide entregar porque definitivamente no nos convienen , son pesos que nos hunden y debemos dejarlos en el pasado sin mirar atrás. Pero hay otras que son herencias de Dios que simplemente debemos poner en Sus manos por un tiempo.

La sunamita dejó sus tierras por siete años. No las perdió; las puso en pausa. Cuando regresó, Dios no solo le fue devuelta su casa, sino que el Rey ordenó que le pagaran todos los frutos que la tierra produjo mientras ella no estaba .

Dios es el mejor administrador de lo que le entregas. Si Él te pidió apartarte de algo, es porque te estás preparando para eso o algo mejor. Quizás hoy no tienes la madurez para manejar ese éxito, esa relación o esa plataforma. Dios espera que estemos listos para actuar con integridad, y entonces, en su tiempo perfecto, ocurrirá la restitución. 

A veces recuperas lo mismo con una nueva madurez o una perspectiva renovada, y otras veces, Dios usa ese espacio vacío para darte algo completamente nuevo y mejor algo que sí encaja con quien eres ahora.

Así que mejor entrega y deja de pelear y reclamar por lo que, según tú, te corresponde. Porque es real que nos la pasamos reclamando posiciones, atención o justicia. Pero piénsalo: si en realidad nos tocara lo que nos corresponde por nuestros propios méritos, entonces no existiría la misericordia de Dios.

No estamos llamados a pelear por nuestros "derechos", sino a profundizar en nuestra identidad y relación con nuestro Padre . Al hijo no se le da lo que "gana", se le da lo que el Padre decide darle por amor.

No tengas miedo de entregar. No sufras por dejar eso que tanto trabajo te costó obtener. El Dios que te pidió soltar algo hace tiempo es el mismo que hoy está preparando el escenario para que recuperes incluso lo que creías perdido.

¡Confía! Camina con la paz de que tu herencia sigue teniendo tu nombre grabado en la palma de Su mano. Cuando el Rey da una orden de restitución, ni el tiempo ni la distancia pueden detener lo que Él ha destinado para ti.

Piensa en eso que estás reteniendo con miedo. ¿Es un plan? ¿Una persona? ¿Un resentimiento? Haz una oración honesta: "Señor, te lo entrego. Confío en que mi identidad de hijo es más valiosa que mi derecho a tener esto" . Si es tiempo de entregar, hazlo hoy. Recuerda: lo que entregas por obediencia, Dios lo multiplica por Su gracia.

Arcelia Pantoja