¿DE DÓNDE VENDRA MI AYUDA?

Hace unos días estaba sentada en la sala de espera de un laboratorio, aguardando el momento de mis estudios. Mientras observaba a las personas a mi alrededor, no pude evitar preguntarme: ¿Qué batalla estarán librando ellos? ¿Qué diagnóstico pesará sobre sus hombros? En ese silencio, mi mente comenzó a cuestionar demasiadas cosas; ya saben, esos pensamientos que llegan de repente a invadir, a nublar la mente y que intentan, con una insistencia cruel, robarnos la paz.

En medio de ese ruido interno, me indicaron que debían salir a caminar para que el agua hiciera efecto más rápido. Qué alivio fue escuchar eso; Sé que fue Dios guardando mis pensamientos, sacándome de ese caos mental. Al cruzar la puerta, el aire helado de la mañana erizó mi piel. Entrelacé mis brazos, abrazándome a mí misma para guardar el calor, y en ese gesto tan humano, comencé a experimentar una paz sobrenatural.

Definitivamente era el abrazo del Padre. Lo supe porque solo Él tiene el poder de transformar la atmósfera en un instante. Respiré profundamente y comencé a caminar. A pesar de estar cerca de una avenida transitada, el tiempo parecía haberse detenido. Era un día de quietud y el silencio de los negocios cerrados permitía que la creación alzara su voz.

En cada paso, Él me hablaba: escuchaba el canto nítido de las aves, el viento alborotando mi cabello y la risa lejana de quienes esperaban el autobús. Al llegar a un jardín, me detuve. Las flores, con sus colores vibrantes, parecían sonreírle a los rayos del sol. Miré hacia arriba, y contemplé un azul inmenso y despejado cielo, y entonces el Espíritu Santo susurró a mi memoria el Salmo 121: “Alzaré mis ojos a los montes, ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, creador del cielo y de la tierra”.

Estaba contemplando a mi Creador. Lo estaba viendo de frente en la hermosura de las flores y en la inmensidad del cielo; escuchaba Su voz en el canto de los pájaros y sentía Sus caricias en la brisa del viento. Me dejé envolver por esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Seguí caminando, disfrutando de Su compañía, y me regaló completo el salmo para entenderlo. 

v3. El Señor no dejará que resbales… Aun cuando las circunstancias vuelvan el piso incierto y resbaladizo, es Su mano la que aprieta la mía con firmeza. Sus dedos son los que corrigen mi equilibrio para que no caiga.

v4. El que te cuida jamás duerme... Él no parpadea mientras yo descanso, ni se distrae cuando camino por valles oscuros. Todo el tiempo está conmigo; Aun cuando mis ojos humanos crean ver peligro, Él ya va delante de mí, siendo mi escudo y mi retaguardia.

v5. El Señor es tu protector, el Señor es como tu sombra: ¡Siempre está a tu mano derecha!… No hay distancia entre Su amor y mi necesidad; Él se mueve conmigo, pegado a mi costado, tan fiel como mi propia sombra.

v6. Ni el sol te fatigará de día, ni la luna te agobiará en la noche… Su gracia es un filtro que detiene el ardor del desierto y la frialdad del miedo nocturno. Nada tiene permiso de dañarme sin su consentimiento.

v7. El Señor te librará de todo mal, el Señor protegerá tu vida… Él guarda mi esencia, mi identidad y mi propósito, esa parte de mí que ningún diagnóstico puede tocar.

v8. El Señor te estará vigilando cuando salgas y cuando regreses... No hay salida que Él no bendiga ni retorno que no celebre.

Desde ahora y hasta siempre… incluso cuando el tiempo se agote y las estaciones cambien, Su fidelidad permanecerá intacta.

Y tuve paz. Porque entendí que estos días entre doctores y análisis pasarán y que al final, la gloria siempre le pertenece a Él.

Si en estos momentos estás atravesando un desierto, si el eco de los pasillos de un hospital te asusta o si una situación incierta nubla tu vista, yo te digo hoy: alza tus ojos a los montes. No permitas que el murmullo del miedo sea más fuerte que la Verdad que sostiene al universo. Pues lo dice Su Palabra: "Somos santificados en Su verdad; porque solo Su palabra es verdad" (Juan 17:17).

Busca Su rostro antes de escuchar tus pensamientos. Deja que el Espíritu Santo sea el que te recuerde quién es tu Padre. Él es el Creador de las estrellas, pero también es aquel que cuenta cada una de tus lágrimas y detiene el tráfico del mundo solo para darte un abrazo en un jardín. Confía, porque quien hizo los cielos y la tierra, también tiene el control de tu mañana.

Escucha, hijo mío... nos dice el Padre desde el silencio, "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia". No mires los análisis, mira mis manos. Yo estuve ahí antes que el médico, estoy ahí después de los resultados, y estaré ahí cuando la angustia sea solo un recuerdo lejano. Yo soy tu paz, y en Mi Palabra, siempre encontrarás tu verdadero hogar.

Levanta tus ojos y miralo a Él, él es tu ayuda.

Arcelia Pantoja.